sábado, 17 de noviembre de 2018

Un proyecto para dejar huella


— Hoy nos metemos en una conversación de Jesús con los suyos en el Monte de los Olivos. Habían estado en el templo. Al salir del Templo le dice uno de sus discípulos: -Maestro, mira qué piedras y qué edificios. 2 Jesús le responde: -¿Ves estas grandes construcciones? No quedará aquí piedra sobre piedra que no sea derruida (Mc 13,1-2). Para ellos es el fin del mundo: grandes piedras, y el edificio más emblemático de su ciudad.
— Quedan inquietos y al regresar a Betania se quedan descansando y charlando desde la otra loma. 3 Y estando sentado Jesús en el Monte de los Olivos, enfrente del Templo, le preguntaron a solas Pedro, Santiago, Juan y Andrés: 4 -Dinos cuándo ocurrirán estas cosas y cuál será la señal de que todo esto está a punto de llegar a su fin. 5 Entonces comenzó Jesús a decirles: -Mirad que no os engañe nadie. 6 Vendrán en mi nombre muchos diciendo: "Yo soy"; y a muchos los seducirán. 7 Cuando oigáis hablar de guerras y de rumores de guerras, no os inquietéis; porque es necesario que ocurra, pero todavía no es el fin… (Mc 13,3-7)
— Al final, lo que parece muy poderoso se hundirá. 24 Pero en aquellos días, después de aquella tribulación, el sol se oscurecerá y la luna no dará su resplandor, 25 y las estrellas caerán del cielo, y las potestades de los cielos se conmoverán. 26 Entonces verán al Hijo del Hombre que viene sobre las nubes con gran poder y gloria. 27 Y entonces enviará a los ángeles y reunirá a sus elegidos desde los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo. 28 Aprended de la higuera esta parábola: cuando sus ramas están ya tiernas y brotan las hojas, sabéis que está cerca el verano.  29 Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que es inminente, que está a las puertas.  30 En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo esto se cumpla. 31 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán (Mc 13,24-31). No hay que dejarse llevar por las apariencias ni el poderío humano (dinero, influencias, qué dirán, opinión pública, …).
— ¿Cuándo sucederá? Nadie sabe de ese día y de esa hora: ni los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre (Mc 13,32). No vale la pena hacer cálculos, mejor estar siempre preparados: Estad atentos, velad: porque no sabéis cuándo será el momento (Mc 13,33).
— También nuestra vida tiene un tiempo limitado. De joven uno piensa menos en estas cosas, pero es bueno no olvidarlas, en cualquier momento el Señor nos puede llamar. ¿Qué encontraría en mi vida?
— Una de las grandes preguntas: ¿para qué estoy en el mundo? ¿Para sobrevivir o algo más? Que tu vida no sea una vida estéril. Sé útil. Deja poso. Ilumina, con la luminaria de tu fe y de tu amor. / Borra, con tu vida de apóstol, la señal viscosa y sucia que dejaron los sembradores impuros del odio. Y enciende todos los caminos de la tierra con el fuego de Cristo que llevas en el corazón (Camino, 1).
— Ahora, en diálogo con el Señor, es un buen momento para reorganizar nuestra vida de modo que hagamos algo que valga la pena. Para eso, primero, conviene que nos detengamos a poner orden en ideas y fijar  objetivos. Si no tenemos una meta clara, somos como un almacén con trozos de película, muchos de ellos con momentos emocionantes, duros, felices, gozosos, tristes, pero todo incoherente.
— Descubrir el proyecto amoroso de Dios para cada uno, sabiendo contemplar lo pequeño, descubriendo su providencia en lo que nos pasa, viendo las cosas con objetividad, es una de las tareas más apasionantes de la vida.
— Para esto nos ayudará mucho leer, meditar, vivir el Evangelio: Ojalá fuera tal tu compostura y tu conversación que todos pudieran decir al verte o al oírte hablar: éste lee la vida de Jesucristo (Camino, 2).
— Que la Santísima Virgen nos ayude a vivir, como ella, cerca de Jesús y aprendiendo de él.