lunes, 20 de noviembre de 2017

Responsabilidad



- El Evangelio del domingo nos propone un texto bonito, tal vez ahora poco correcto: es el elogio de la mujer fuerte: 10 Una mujer fuerte ¿quién la encontrara? Vale mucho más que las perlas. 11 En ella confía el corazón de su marido, y no le faltará ganancia. 12 Le procura bien y no mal todos los días de la vida. 13 Busca lana y lino y trabaja con diligencia. 14 Es como nave de mercader, que trae de lejos su alimento. 15 Y se levanta cuando aún es de noche, para distribuir la comida en su casa y la tarea a sus sirvientas.16 Repara en un campo y lo adquiere, con el fruto de sus manos planta una viña. 17 Se ciñe con brío la cintura, y ejercita la fuerza de sus brazos. 18 Comprueba que va bien su negocio, su lámpara no se apaga de noche. 19 Aplica sus manos a la rueca, sus palmas empuñan el huso. 20 Abre su palma al indigente, y extiende su mano al pobre. 21 En su casa no temen a la nieve, porque todos los suyos llevan trajes forrados. 22 Confecciona sus propios mantos, viste de lino y de púrpura. 23 Su marido es ilustre en las puertas, cuando toma asiento entre los ancianos del país. 24 Confecciona túnicas y las vende, y provee de fajas al comerciante. 25 Está revestida de fortaleza y dignidad, y sonríe al porvenir. 26 Abre su boca con sabiduría, y su lengua enseña con bondad. 27 Vigila la marcha de su casa, y no come pan de balde. 28 Sus hijos se ponen en pie y la felicitan, y su marido la alaba: 29 "¡Muchas mujeres tuvieron entereza, pero tú superas a todas!". 30 Falaz es la gracia y vana la hermosura, la mujer que teme al Señor será alabada. 31 Dadle el fruto de sus manos, y que sus obras la alaben en las puertas (Pro 31,10-31). ¡Su marido es un comodón, ella sola tiene que hacer todo!
- Pero esa mujer es una figura de la Sabiduría divina: Dios nos cuida con la solicitud con que esa mujer vela por su familia, atendiendo a todas las necesidades. Podemos estar orgullosos de sus cuidados y darle gracias.
- Caer en la cuenta de cómo nos cuida Dios invita a pensar en cómo ser cristianos de veras, hombres que reflejen en su vida la vida de Dios. También cada uno de nosotros queremos tener los mismos sentimientos y desvelos que tiene Dios hacia todos los hombres: no personas perezosas, ni egoístas que van a lo suyo. Responsabilidad e iniciativa: darnos cuenta de lo que pasa a nuestro alrededor y poner los medios para ayudar de verdad.
- El cristiano maduro es una persona “con motor propio”, no un carrito del que hay que tirar y que se atasca de vez en cuando. ¿Soy yo así? ¿Funciono bien sólo cuando las necesidades tiran de mí, y soy perezoso y descuidado cuando no tengo urgencias? ¿Me tomo en serio mi vida cristiana, mi formación, y mi responsabilidad de servir a los demás?
- El Señor nos pedirá cuentas del rendimiento que hayamos sacado de todo lo que ha hecho por nosotros y de los dones que nos ha dado. En el Evangelio nos lo explica con una parábola: 14 "Porque es como un hombre que al marcharse de su tierra llamó a sus servidores y les entregó sus bienes. 15 A uno le dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno sólo: a cada uno según su capacidad; y se marchó. 16 El que había recibido cinco talentos fue inmediatamente y se puso a negociar con ellos y llegó a ganar otros cinco. 17 Del mismo modo, el que había recibido dos ganó otros dos. 18 Pero el que había recibido uno fue, hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor. 19 Después de mucho tiempo, regresó el amo de dichos servidores e hizo cuentas con ellos. 20 Cuando se presentó el que había recibido los cinco talentos, entregó otros cinco diciendo: "Señor, cinco talentos me entregaste; mira, he ganado otros cinco talentos". 21 Le respondió su amo: "Muy bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, yo te confiaré lo mucho: entra en la alegría de tu señor". 22 Se presentó también el que había recibido los dos talentos y dijo: "Señor, dos talentos me entregaste; mira, he ganado otros dos talentos". 23 Le respondió su amo: "Muy bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, yo te confiaré lo mucho: entra en la alegría de tu señor". 24 Cuando llegó por fin el que había recibido un talento, dijo: "Señor, sé que eres hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; 25 por eso tuve miedo, fui y escondí tu talento en tierra: aquí tienes lo tuyo". 26 Su amo le respondió: "Siervo malo y perezoso, sabías que cosecho donde no he sembrado y que recojo donde no he esparcido; 27 por eso mismo debías haber dado tu dinero a los banqueros, y así, al venir yo, hubiera recibido lo mío con los intereses. 28 Por lo tanto, quitadle el talento y dádselo al que tiene los diez. 29 "Porque a todo el que tiene se le dará y tendrá en abundancia; pero al que no tiene incluso lo que tiene se le quitará. 30 En cuanto al siervo inútil, arrojadlo a las tinieblas de afuera: allí habrá llanto y rechinar de dientes (Mt 25,14-30)
- Comparación con la parábola de Eliezer ben Hircanos a Yojanan ben Zakkay que estaba desolado por la muerte de su hijo siendo todavía joven: Te voy a poner un ejemplo. ¿A qué se parece esto? A un hombre al que el rey confió un objeto en depósito. Todos los días el hombre lloraba y gritaba diciendo: —¡Ay de mí! ¿Cuándo me veré libre de este depósito y podré estar en paz? /También tú, maestro, tenías un hijo que estudió la Torah, los Profetas y los Escritos, la Misná, la Halakah y la Hag-gadah, y que ha abandonado el mundo sin pecado. ¡Tú debes, pues, consolarte, por haber devuelto tu depósito intacto! (Abot de Rabí Natán A, 14, 5). En ella el que conserva lo recibido es premiado, ¡pero Jesús lo manda al infierno!
- La parábola también enseña que no se trata de hacer cosas grandes ni extrañas, sino en hacer bien lo corriente, lo pequeño: Muy bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, yo te confiaré lo mucho: entra en la alegría de tu señor. Fidelidad en lo poco, en las cosas concretas de cada día. Ahí tenemos muchas ocasiones de servir y dar gracias al Señor, o de pedirle perdón porque con frecuencia se nos escapan detalles, y siempre nos damos cuenta de que necesitamos que nos eche una mano: Gracias, perdón y ayúdame más!
- Santa María, como buena madre, ayúdanos a ser hijos responsables, a los que se puede dejar solos porque ellos mismos saben lo que tienen que hacer y lo hacen aunque no tengan a nadie encima.

lunes, 13 de noviembre de 2017

Madurez



- Jesús invita a pensar con parábolas: Entonces el Reino de los Cielos será como diez vírgenes, que tomaron sus lámparas y salieron a recibir al esposo. 2 Cinco de ellas eran necias y cinco prudentes; 3 pero las necias, al tomar sus lámparas, no llevaron consigo aceite; 4 las prudentes, en cambio, junto con las lámparas llevaron aceite en sus alcuzas (Mt 25,1-4). En una boda de pueblo van llegando los amigos de los novios. Se retratan distintos caracteres: unos más previsores, que piensan en el futuro y se preparan, y otros que viven el presente, sin más cálculos.
- Al hablar ahora con Él nos sugiere considerar en qué personajes nos vemos mejor reflejados: vamos despreocupados por la vida como las chicas necias, o actuamos de modo responsable y sereno, como las prudentes.
- Jesús sigue: 5 Como tardaba en venir el esposo, les entró sueño a todas y se durmieron. 6 A medianoche se oyó una voz: "¡Ya está aquí el esposo! ¡Salid a su encuentro!" 7 Entonces se levantaron todas aquellas vírgenes y aderezaron sus lámparas. 8 Y las necias les dijeron a las prudentes: "Dadnos aceite del vuestro porque nuestras lámparas se apagan". 9 Pero las prudentes les respondieron: "Mejor es que vayáis a quienes lo venden y compréis, no sea que no alcance para vosotras y nosotras". 10 Mientras fueron a comprarlo vino el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas y se cerró la puerta. 11 Luego llegaron las otras vírgenes diciendo: "¡Señor, señor, ábrenos!" 12 Pero él les respondió: "En verdad os digo que no os conozco". 13 Por eso: velad, porque no sabéis el día ni la hora (Mt 25,5-13)
- Jesús invita a sus oyentes a pensar en que llegará la muerte y el juicio, y no conviene que les sorprenda desprevenidos. Sus palabras también se dirigen a nosotros y nos pueden hacer pensar en lo que realmente es más importante de la vida. Ya la semana pasada hablábamos con Él de los difuntos y de lo que podemos hacer por ellos desde este  mundo. Ahora se nos invita a pensar en nosotros mismos.
- Una de las tentaciones más habituales para los que somos jóvenes es la superficialidad, el atolondramiento, la frivolidad,… el decidir todo sobre la marcha, sin pararnos a pensar las consecuencias, si son las que queremos, o no.
- Jesús sabe que no somos, o no queremos ser malos. Pero a veces somos flojos. Queremos estudiar y aprovechar el tiempo,… pero si hay una buena serie, o un plan más divertido… Queremos pasarlo bien con los amigos, pero tal vez una segunda o una tercera copa nos lleva a perder un poco el control y no reaccionar con la decisión debida ante unas tentaciones que se presentan…
- El atolondrado es un poco “pasota”, es raro que reaccione con energía incluso cuando debería hacerlo. Pero es bueno que adquiramos la costumbre de pensar y actuar de modo sensato, como las vírgenes prudentes, y esto requiere un esfuerzo por parte de la voluntad por hacer lo que se debe aunque a veces no apetezca.
- En el evangelio Jesús nos enseña a sacar energía cuando es necesario: Encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas en sus puestos. 15 Con unas cuerdas hizo un látigo y arrojó a todos del Templo, con las ovejas y los bueyes; tiró las monedas de los cambistas y volcó las mesas. 16 Y les dijo a los que vendían palomas: -Quitad esto de aquí: no hagáis de la casa de mi Padre un mercado. 17 Recordaron sus discípulos que está escrito: El celo de tu casa me consume (Jn 2,14-17).
- En ocasiones será bueno indignarnos con lo que no va bien, y poner los medios para cambiarlo. No podemos acostumbrarnos al mal, al pecado, a la injusticia, y quedarnos indiferentes.
- Sólo triunfan los que se esfuerzan. En lo profesional, en la familia, y, en primer lugar, en la propia vida. Repasemos nuestro comportamiento. Jesús, ayúdame a cambiar, a mejorar, a ser fuerte, a poner los medios para salir de mi pereza, comodidad, acostumbramiento, o para salir de los vicios grandes o pequeños que me roban todas las energías.
- La Santísima Virgen María siempre estuvo disponible a cumplir la voluntad de Dios, sin pensar en sí misma. Madre mía, ayúdame a reaccionar siempre con prontitud, como tú lo hacías.

sábado, 4 de noviembre de 2017

Comunión de los santos



— Hemos celebrado hace unos días la solemnidad de todos los santos y después el día de los difuntos. Días importantes de recuerdo para los que nos han precedido en la fe y duermen ya el sueño de la paz. Y de hacer presentes verdades importantes de nuestra fe. En todos los santos nos alegramos y tratamos a los que murieron en gracia de Dios y ya están en el cielo. El los difuntos rezamos por los que todavía están en el purgatorio, para que, purificados cuanto antes, gocen de la gloria celestial.
— Nos invita a pensar en el misterio de la muerte -que Jesús mismo quiso asumir para que nosotros pudiéramos vencerla- y en el destino final de nuestras vidas: lograr la felicidad definitiva para la que nos has hecho, el posible fracaso del infierno, o la “repesca” del purgatorio una vez debidamente purificados.
— Y, en el fondo de esta celebración, está la fe en la comunión de los santos que confesamos al final del Credo. “Como todos los creyentes forman un solo cuerpo, el bien de los unos se comunica a los otros… Es, pues, necesario creer que existe una comunión de bienes en la Iglesia. Pero el miembro más importante es Cristo, ya que Él es la cabeza… Así, el bien de Cristo es comunicado a todos los miembros, y esta comunicación se hace por los sacramentos de la Iglesia” (Santo Tomás, symb. 10) (Catecismo, 947). Nunca estamos solos, Jesucristo y todos nuestros hermanos en la fe nos acompañan y apoyan.
— En la comunidad primitiva de Jerusalén, los discípulos perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, la comunión, la fracción del pan y las oraciones (Hch 2, 42). Comunión en la fe: La fe de los fieles es la fe de la Iglesia recibida de los Apóstoles, tesoro de vida que se enriquece cuando se comparte (Catecismo, 949).
La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma, y nadie consideraba como suyo lo que poseía, sino que compartían todas las cosas (Hch 4,32). Comunión de la caridad: En la “comunión de los santos” ninguno de nosotros vive para sí mismo; como tampoco muere nadie para sí mismo (Rm 14, 7). Si sufre un miembro, todos los demás sufren con él. Si un miembro es honrado, todos los demás toman parte en su gozo. Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y sus miembros cada uno por su parte (1Co 12,26-27). El menor de nuestros actos hecho con caridad repercute en beneficio de todos, en esta solidaridad entre todos los hombres, vivos o muertos, que se funda en la comunión de los santos.
— Contemos también con la intercesión de los santos. “Por el hecho de que los del cielo están más íntimamente unidos con Cristo, consolidan más firmemente a toda la Iglesia en la santidad… no dejan de interceder por nosotros ante el Padre. Presentan por medio del único Mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, los méritos que adquirieron en la tierra… Su solicitud fraterna ayuda, pues, mucho a nuestra debilidad” (Vaticano II, Lumen gentium 49). Algunos santos, cercano el momento de su muerte, eran conscientes del gran bien que podían seguir haciendo desde el Cielo: “No lloréis, os seré más útil después de mi muerte y os ayudaré más eficazmente que durante mi vida" (Santo Domingo de Guzmán, moribundo, a sus hermanos, cf. Jordán de Sajonia, lib 43). “Pasaré mi cielo haciendo el bien sobre la tierra” (Santa Teresa del Niño Jesús, verba) (cf. Catecismo 956)
— Invoquemos en especial a María, Madre del Señor y espejo de toda santidad. Que ella, la toda santa, nos haga fieles discípulos de su hijo Jesucristo, y que se lleve cuanto antes al Cielo a los difuntos que estén en el purgatorio. Amén.

sábado, 28 de octubre de 2017

Amarás al prójimo como a ti mismo



— Un día, narra el fragmento evangélico del próximo domingo, alguien que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: –Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley? La pregunta no era ociosa, porque los maestros del pueblo enseñaban que era necesario cumplir los 613 mandamientos de la Torah, de los que cada uno tenía, además, muchos casos particulares.
— Él le dijo: –"Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser". Este mandamiento es el principal y primero. El que interrogaba podía sentirse satisfecho en este punto; le podía bastar. Pero, Jesús añade como con un solo suspiro, que hay un segundo mandamiento, «semejante al primero», esto es, inseparable de él, y es: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo". Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas (Mt 22,34-40). La respuesta es sorprendente. Ninguno de estos mandamientos es uno de los diez mandamientos del Decálogo, sino que proceden de textos diversos, del Deuteronomio y del Levítico, respectivamente. Pero en ellos se encierra todo lo más importante.
— Ser buen cristiano no implica ser una persona obsesionada con muchos mandamientos que hay que cumplir, ante los que uno puede sentirse agobiado, sino ser una persona enamorada que todo lo hace con la alegría del amor.
— Cada uno de nosotros sabemos bien qué significa eso de amarnos a nosotros mismos y tenemos claro qué quisiéramos que los demás hicieran por nosotros. Añadiendo esas palabras, «como a ti mismo», Jesús nos ha puesto delante un espejo ante el que no podemos mentir; nos ha dado una medida infalible para descubrir si amamos o no al prójimo.
Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos (Mt 7, 12). No dice, si te parece bien: Lo que el otro hace contigo, hazlo tú también. Esto sería aún la ley del talión: Ojo por ojo, diente por diente (Dt 19, 21). Dice, más bien: lo que tú quisieras que te hiciese el otro a ti, hazlo tú a él, y eso es bastante distinto.
— ¡Cuántas cosas cambiarían en la sociedad, si pusiéramos por obra esas palabras de Jesús! Hacerlo no es tan difícil. Basta preguntarse en cada situación: ¿si yo estuviese en su sitio y él en el mío, cómo quisiera yo que él se comportase conmigo?
— Las palabras y sobre todo el ejemplo de Jesús en el Evangelio nos invitan a pensar, hablar con él en nuestra oración y sacar consecuencias. Tal vez al pensar en el amor al prójimo lo primero que pensamos es en dedicar algún tiempo que nos sobra a una acción solidaria: acompañar a un viejito para que pasee, consolar a un enfermo, dar una limosna, repartir comida a quien no tiene, participar en una fiesta solidaria… Todo eso está bien, pero es sólo un pequeño comienzo. Incluso puede ser una excusa para sentirnos bien con una buena conciencia.
— Las palabras de Jesús no hablan de obras externas de caridad sino de disposiciones interiores, imprescindible en nuestras relaciones con los demás. Lo primero es querer de verdad a las personas, interesarnos por ellas, tender puentes de amistad, compartir lo mejor que podemos ofrecer: nuestra fe alegre y operativa, que se manifiesta en obras. En resumen, hacer todo por amor: Si callas, calla por amor; si hablas, habla por amor; si corriges, corrige por amor. Piensa primero en los demás con verdadero amor y después concreta esos buenos sentimientos del modo que pueda servir más a cada persona.
— Se trata de mirar de un modo distinto las situaciones y las personas con las que nos encontramos para vivir. ¿Cómo? Con la mirada con que quisiéramos que Dios nos mirase a nosotros: de excusa, de benevolencia, de comprensión, de perdón...!
— Cuando el Apóstol san Juan era muy viejito lo llevaban a las reuniones de los cristianos y cuando le pedían que contase algo sobre Jesús, repetía invariablemente: ¡Queridos, amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios (1 Jn 4, 7). Como siempre decía lo mismo le insistían: «Pero tú has estado con Jesús y sabes muchas cosas de él; ¿por qué nos repites siempre la misma cosa?». Y respondía: «Porque es el precepto del Señor y si lo ponemos en práctica, hemos puesto en práctica todo su Evangelio».
— En este mundo en el que vivimos y al que nos gustaría ver en paz, un mundo en que se reconociera la dignidad de todas las personas y se facilitase que entre todos se pudiera hacer una sociedad más justa, estos ideales no se harán realidad si no comenzamos por nosotros mismos: por limpiar nuestro corazón de egoísmos y llenarlo del amor de Dios, y porque se note en nuestra vida de familia y en el trato con nuestros compañeros y amigos que los queremos de verdad y nos interesamos por ellos.
— A nuestra Madre, la Virgen del Amor hermoso, le pedimos que nos ayude a amar como su Hijo nos ha enseñado.