sábado, 28 de abril de 2018

El placer de vivir



En el evangelio del domingo se nos presentan unas palabras de Jesús de ambiente agrícola: Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el labrador (Jn 15,1).
– La comparación está llena de connotaciones. La vid es la planta de donde sale el vino —sin ella no hay vino posible— que en la cultura mediterránea es sinónimo de la fiesta y del placer de vivir. Jesús es vid, porque es componente imprescindible para gozar de una alegría festiva y disfrutar de la vida. Una vida sin Dios es una vida triste y aburrida, una vida en la que estamos unidos a Jesús es gozosa. Demos gracias a Dios, y pongamos los medios para no apartarnos nunca de él. En el orden de prioridades para las muchas cosas que podemos tener en la cabeza y el corazón, lo primero ha de ser siempre Dios: el trato con él en la oración y la eucaristía, nuestra formación cristiana,…
– La vid es una planta que hunde sus raíces en la tierra. También por eso ofrece una comparación adecuada para hablar de Jesús: él es Dios que se ha hecho hombre, no es una idea bonita, ni un ser celestial que está en el cielo muy lejos de nosotros y ajeno a la vida del día a día en la tierra, sino que ha echado raíces en la tierra. Nada de lo que sucede en el mundo le es ajeno. Se conmueve ante los males, tiene misericordia de los necesitados y acude a consolar y salvar, y sabe disfrutar de lo bueno.
– Así ha de ser la vida del cristiano: nada de lo humano nos resulta indiferente. No podemos ignorar a los que sufren —víctimas de la escasez en Venezuela, o personas que sufren las tensiones en Honduras, desplazados y perseguidos en Siria, el drama de las pateras en el mediterráneo, las mujeres maltratadas, los parados, los enfermos, los que sufren,…— y ahora rezamos por ellos, y le damos vueltas a cómo podríamos ayudarles mejor. A la vez disfrutamos de la vida dando gracias a Dios —por la belleza de la naturaleza, al disfrutar de una buena comida, o de la compañía y la conversación de los amigos,…—. Y ponemos los medios con esfuerzo y sacrificio —estudio, trabajo,…— para aportar lo mejor que podamos a la sociedad para construir una sociedad en la que todos se encuentren a gusto.
Hijos míos —decía San Josemaría en la homilía que pronunció en el Campus de la Universidad de Navarra—, allí donde están vuestros hermanos los hombres, allí donde están vuestras aspiraciones, vuestro trabajo, vuestros amores, allí está el sitio de vuestro encuentro cotidiano con Cristo. Es, en medio de las cosas más materiales de la tierra, donde debemos santificarnos, sirviendo a Dios y a todos los hombres.
– El tópico laicista de que la vida cristiana asfixia las cualidades humanas e impide que la persona llegue a la plenitud de su humanidad es falso. La realidad es justo la contraria. Es lo que a Juan Pablo II le gustaba repetir con unas palabras del Concilio Vaticano II: es Jesucristo quien revela al hombre lo que es el hombre. Jesús es quien nos ayuda a descubrir dónde está y cómo lograr la plenitud de la vida humana.
— El modelo de vida metida en Dios y arraigada en lo más interesante del mundo es Jesucristo: Yo soy la vid verdadera. En la Biblia se usa varias veces la alegoría de la vid —por ejemplo, en la canción de la viña (Is 5,1-4) aunque ahí la viña es el pueblo de Dios—, pero la vid verdadera, la referencia fundamental es Jesús. No tenemos otro modelo al que mirar e imitar. Pidamos al Señor que cada día conozcamos mejor su vida, entrando en el Evangelio como un personaje más, para hacer nuestra.
– Pero las palabras de Jesús nos dan más pistas aún: mi Padre es el labrador. El verdadero protagonista de una vida feliz es Dios Padre que nos santifica mediante su gracia. Nos la otorgó en el bautismo, nos la devuelve en la confesión cuando la hemos perdido por nuestros pecados, nos la aumenta en la eucaristía. Gracias, y ayúdanos a aprovechar esos medios de santificación.
– No perderemos la gracia si estamos unidos a Jesús, y ponemos empeño en no separarnos nunca de él: mi Padre es el labrador. 2 Todo sarmiento que en mí no da fruto lo corta, y todo el que da fruto lo poda para que dé más fruto. 3 Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado. 4 Permaneced en mí y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. 5 Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, porque sin mí no podéis hacer nada (Jn 15,1-5).
La vid verdadera, Jesús, está metido de lleno en la vida divina y a la vez con las raíces hundidas en la tierra: es muy humano, y valora y ama lo humano. De ahí que el cristiano esté llamado a ser como Él un hombre de bien, con todas las virtudes–no sólo las sobrenaturales– que hacen atractiva la figura de un hombre: la simpatía, la lealtad, la laboriosidad, la sinceridad, la prudencia, la sobriedad,… La verdadera virtud no es triste y antipática, sino amablemente alegre (Camino, 657).
– La vida de María fue una vida siempre muy unida a Dios, y profundamente humana. A ella, en este mes de mayo que acabamos de comenzar, le pedimos que nos ayude a poner los medios para ser santos de verdad, en nuestro trabajo y en todas las circunstancias corrientes de cada día.

sábado, 21 de abril de 2018

Coaching espiritual: lo necesitamos



En este tiempo primaveral, el evangelio del domingo nos propone una escena campestre: un rebaño pastando en verdes praderas, y un hombre que lo cuida. Es una imagen antigua en las culturas del próximo oriente: presentar al rey como «pastor», es decir como alguien que guía en busca del alimento, y protege a su pueblo. Ya en el Antiguo Testamento el profeta Ezequiel había hablado de Dios como pastor de Israel: esto dice el Señor Dios: Yo mismo buscaré mi rebaño y lo apacentaré (Ez 34,11).
– Las palabras de Jesús son provocativas para quien conocía bien el texto de Ezequiel: 11 Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por sus ovejas. 12 El asalariado, el que no es pastor y al que no le pertenecen las ovejas, ve venir el lobo, abandona las ovejas y huye -y el lobo las arrebata y las dispersa-, 13 porque es asalariado y no le importan las ovejas. 14 Yo soy el buen pastor, conozco las mías y las mías me conocen (Jn 10,11-14). Se presenta a sí mismo como buen pastor, es decir, asume como tarea suya lo que es propio de Dios. Además con una generosidad y entrega sin límites: hasta dar la vida. Es lo que hizo en la cruz y hemos celebrado en la Semana Santa.
– Cada uno de nosotros, es justo reconocerlo, somos «ovejas inteligentes», pero «ovejas» necesitadas de ayuda, de alguien que nos defienda, de alguien que nos conozca y nos quiera, y que nos oriente. El Señor nos cuida y nos guía sirviéndose de personas cercanas a nosotros que nos ayudan a escuchar su voz. Es lo que en la tradición de la Iglesia se llama «dirección espiritual» o «acompañamiento espiritual». Todos lo necesitamos.
– Jesús no manifestó a san Pablo sus planes directamente en el momento de su conversión. Cuando Pablo le pregunta: ¿Qué he de hacer? Le responde: Levántate y ve a Damasco; allí se te dirá todo lo que tienes que hacer. Allí le encarga a uno de aquellos primeros cristianos, llamado Ananías, que le explique todo y lo acompañe en esos primeros momentos de su vida cristiana. Seguro que Pablo la hablaría con toda sinceridad de lo que llevaba por dentro, y escuchó con atención sus palabras con ánimo de aprender y poner en práctica lo que le sugería. Ananías le iría a ayudando a concretar sus buenas disposiciones.
– Cada uno de nosotros necesitamos hacer lo mismo. Puede ser bueno quedar con un sacerdote con el que hablemos a fondo de todo lo nuestro, de modo que nos oriente, nos anime, y también que pueda administrarnos el sacramento de la confesión para mantener siempre nuestra alma limpia y bien dispuesta, llena de fortaleza para esa gran batalla de amor y de paz que es la vida cristiana.
– Los equipos de fútbol necesitan un entrenador, un "cochero" que tenga experiencia y aúne las fuerzas del equipo. Políticos, artistas, empresarios tienen su "coach" personal, un experto que les propone ideas y consejos sobre como triunfar en sus actividades profesionales. Con más motivo, todos necesitamos un buen "coach" que nos oriente en la vida espiritual.
– La ayuda que nos puede prestar quien nos acompaña en el camino son muy diversas: nos abrirá horizontes; nos orientará a la hora de formarnos un criterio cristiano recto que se manifieste en el trabajo, en el ambiente familiar, en las dificultades ordinarias... para que nuestras vidas reflejen las maravillas del Señor; nos animará en momentos de desaliento o de dificultades...; tendrá palabras de ánimo y consejos que nos proporcionen firmeza.
– También, con su experiencia, nos puede señalar los obstáculos que encontremos en la vida interior y nos ayudará a superarlos, de modo que la gracia de Dios pueda actuar a fondo en nuestros corazones; nos indicará los medios más adecuados para crecer en el amor a Dios; corregirá con prudencia las posibles desviaciones que se puedan presentar en nuestro camino; nos acompañará en los momentos de desconcierto o de especial dificultad; nos ayudará y animará siempre en la lucha interior; nos alentará a ser fermento en medio del mundo, allí donde las ha situado el Señor…
– ¿Cómo podemos aprovechar bien este medio de formación cristiana? Primero concretando, si es posible, un día y una hora fija cada semana, por ejemplo, para tener esta conversación con el sacerdote… y poniendo los medios para que efectivamente nos veamos con regularidad, superando los eventuales imprevistos o cambios de planes. Con el WhastsApp es muy fácil modificar un poco si hace falta la cita, para no perder ninguna conversación.
– También nos ayudará prepararla bien, dándonos a conocer para que nos puedan ayudar mejor. Yo soy el buen pastor, conozco mis ovejas –dice Jesús–. El pastor necesita conocer la situación real, tal y como es, con sus virtudes y defectos, para darnos la receta más adecuada.
– E ir con ganas de escuchar y de aprender, para conocer mejor a Jesús: y mis ovejas me conocen.
– Además, quien es buena «oveja» está comenzando a ser «buen pastor» que colabora con Jesús en su tarea: Tengo otras ovejas que no son de este redil, a ésas también es necesario que las traiga, y oirán mi voz y formarán un solo rebaño, con un solo pastor (Jn 10,16). Hay muchos que están lejos de Dios, un poco o un mucho abandonados en su vida cristiana, y también a ellos quiere llegar Jesús y cuenta con la colaboración de los cristianos, de cada uno de nosotros, para que también ellos encuentren el camino de la felicidad.
– En esas conversaciones personales, también nos ayudarán a compartir estos sentimientos de Cristo por ayudar a todos, a ser hombres como los Apóstoles, que llevan la buena noticia del Evangelio por toda la tierra.
– Concretemos propósitos: ¿Hablo cada semana, tranquilamente, con algún sacerdote? Si no es así, ¿con quién y cuándo podría quedar para comenzar ya? ¿Soy totalmente sincero para que me conozcan bien y me ayuden? ¿Voy poniendo empeño cada día en llevar a la práctica los consejos que recibo?
– Notaremos de cerca la paternidad de Dios. También el cuidado maternal de nuestra madre la Virgen, que no dudará en conseguir la gracia de Dios que necesitemos, cuando vea que ponemos los medios oportunos por nuestra parte. A ella le pedimos que nos ayude a poner por obra los buenos deseos que el Señor ha puesto hoy en nuestro corazón.

lunes, 9 de abril de 2018

Los despertadores del cariño



– En este tiempo pascual vamos recordando, gozando –y aprendiendo– con los recuerdos de las apariciones de Jesús resucitado a sus discípulos. El domingo de resurrección por la noche tuvo lugar la escena del evangelio de este domingo: los discípulos a los que se había aparecido mientras iban a Emaús, al reconocerlo, marcharon corriendo a Jerusalén y al llegar se pusieron a contar lo que había pasado en el camino, y cómo le habían reconocido en la fracción del pan. 36 Mientras ellos estaban hablando de estas cosas, Jesús se puso en medio y les dijo: -La paz esté con vosotros. 37 Se llenaron de espanto y de miedo, pensando que veían un espíritu (Lc 24,35-37).
Se llenaron de espanto y de miedo. Todavía no se habían hecho a la idea de lo que estaba sucediendo a su alrededor. Están viviendo grandes acontecimientos, y están atolondrados, sin reparar en que Dios está muy cerca de ellos y cuenta con ellos para que sean protagonistas de una historia apasionante. Como nosotros. Vivimos a veces como atolondrados, con la cabeza y el corazón distraído en pequeñeces, sin caer en la cuenta de que el Señor está muy cerca y cuenta con nosotros para algo grande: colaborar con él en la redención.
– Esto les sucede porque su fe es todavía muy débil. Por eso Jesús les da señales para que se fíen: 38 Y les dijo: -¿Por qué os asustáis, y por qué admitís esos pensamientos en vuestros corazones? 39 Mirad mis manos y mis pies: soy yo mismo. Palpadme y comprended que un espíritu no tiene carne ni huesos como veis que yo tengo. 40 Y dicho esto, les mostró las manos y los pies (Lc 24,38-40). Pero ni siquiera así se hacen cargo. Así nos sucede a veces. Bastaría con que pensásemos un poco en cómo la providencia del Señor nos cuida –o nos pone delante de una gran dificultad– para que nos demos cuenta de que está con nosotros y de que lo necesitamos. Pero con frecuencia somos torpes, como los Apóstoles.
– Así que Jesús insiste: 41 Como no acababan de creer por la alegría y estaban llenos de admiración, les dijo: -¿Tenéis aquí algo que comer? 42 Entonces ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. 43 Y lo tomó y se lo comió delante de ellos (Lc 24,41-43). Que tú y yo no obliguemos al Señor a hacer cosas extraordinarias para que caigamos en la cuenta de que está con nosotros siempre.
– Un buen cristiano debe vivir siempre en la presencia de Dios. Hay muchos detalles pequeños que nos ayudarán a tenerlo continuamente presente: ofrecer las obras del día al levantarnos, hacer la señal de la cruz o santiguarnos al comenzar la jornada, encomendarnos a nuestro ángel custodio al salir a la calle, o al volver a casa, ofrecerle el trabajo y hacerlo bien, estar pendientes de ayudar a las personas que tenemos cerca, saludarlo aunque sólo sea con el corazón al pasar junto a una iglesia o ver su torre, mirar alguna imagen de la Virgen, poner en la mesa de trabajo un pequeño crucifijo, … el amor es creativo, y los enamorados tienen ideas de cómo tener siempre presente a la persona amada: una foto, un objeto que la recuerda, un pensamiento, una llamada o un mensaje –eso son las jaculatorias–, etc.
– Ya más tranquilos, los instruye: 44 Y les dijo: -Esto es lo que os decía cuando aún estaba con vosotros: es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí. 45 Entonces les abrió el entendimiento para que comprendiesen las Escrituras (Lc 24,44-45). Les invita a pensar que cuando leen con detenimiento la Sagrada Escritura van leyendo su propia vida y descubriendo en ella la presencia amorosa de Dios.
– La misma lección nos viene bien a nosotros: el mejor modo de mantener la presencia de Dios consiste en leer con detenimiento la Escritura y entrar en ella como un personaje más. Ahí viviremos la vida de Jesús y los suyos, y reconoceremos en ellos lo que debe ser nuestra propia vida. Si a esto le unimos un esfuerzo positivo por encontrar esos despertadores del cariño que nos recuerden al Señor, siempre viviremos en su presencia.
–Vivir en la presencia de Dios es fuente de serenidad y de paz. También punto de referencia para acertar en todas nuestras decisiones, grandes o pequeñas: ¿Qué haría o cómo reaccionaría Jesús si estuviese ahora aquí en mi lugar? Así quisiera reaccionar yo siempre.
– La Virgen María siempre tenía presente a su hijo en su corazón. Como buena madre nunca se olvidaba de él, y llevaba en su corazón los mismos sentimientos y afectos de su Hijo. Vamos a pedirle a Ella que sepamos también vivir siempre en su presencia, amar lo que ama, y hacer lo que espera que hagamos.