sábado, 25 de abril de 2015

Coaching espiritual: lo necesitamos



En este tiempo primaveral, el evangelio del domingo nos propone una escena campestre: un rebaño pastando en verdes praderas, y un hombre que lo cuida. Es una imagen antigua en las culturas del próximo oriente: presentar al rey como «pastor», es decir como alguien que guía en busca del alimento, y protege a su pueblo. Ya en el Antiguo Testamento el profeta Ezequiel había hablado de Dios como pastor de Israel: esto dice el Señor Dios: Yo mismo buscaré mi rebaño y lo apacentaré (Ez 34,11).
– Las palabras de Jesús son provocativas para quien conocía bien el texto de Ezequiel: 11 Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por sus ovejas. 12 El asalariado, el que no es pastor y al que no le pertenecen las ovejas, ve venir el lobo, abandona las ovejas y huye -y el lobo las arrebata y las dispersa-, 13 porque es asalariado y no le importan las ovejas. 14 Yo soy el buen pastor, conozco las mías y las mías me conocen (Jn 10,11-14). Se presenta a sí mismo como buen pastor, es decir, asume como tarea suya lo que es propio de Dios. Además con una generosidad y entrega sin límites: hasta dar la vida. Es lo que hizo en la cruz y hemos celebrado en la Semana Santa.
– Cada uno de nosotros, es justo reconocerlo, somos «ovejas inteligentes», pero «ovejas» necesitadas de ayuda, de alguien que nos defienda, de alguien que nos conozca y nos quiera, y que nos oriente. El Señor nos cuida y nos guía sirviéndose de personas cercanas a nosotros que nos ayudan a escuchar su voz. Es lo que en la tradición de la Iglesia se llama «dirección espiritual» o «acompañamiento espiritual». Todos lo necesitamos.
– Jesús no manifestó a san Pablo sus planes directamente en el momento de su conversión. Cuando Pablo le pregunta: ¿Qué he de hacer? Le responde: Levántate y ve a Damasco; allí se te dirá todo lo que tienes que hacer. Allí le encarga a uno de aquellos primeros cristianos, llamado Ananías, que le explique todo y lo acompañe en esos primeros momentos de su vida cristiana. Seguro que Pablo la hablaría con toda sinceridad de lo que llevaba por dentro, y escuchó con atención sus palabras con ánimo de aprender y poner en práctica lo que le sugería. Ananías le iría a ayudando a concretar sus buenas disposiciones.
– Cada uno de nosotros necesitamos hacer lo mismo. Acudir a un hombre de Dios. Puede ser bueno quedar con un sacerdote con el que hablemos a fondo de todo lo nuestro, de modo que nos oriente, nos anime, y también que pueda administrarnos el sacramento de la confesión para mantener siempre nuestra alma limpia y bien dispuesta, llena de fortaleza para esa gran batalla de amor y de paz que es la vida cristiana.
– Los equipos de fútbol necesitan un entrenador, un "cochero" que tenga experiencia y aúne las fuerzas del equipo. Políticos, artistas, empresarios tienen su "coach" personal, un experto que les propone ideas y consejos sobre como triunfar en sus actividades profesionales. Con más motivo, todos necesitamos un buen "coach" que nos oriente en la vida espiritual.
– La ayuda que nos puede prestar quien nos acompaña en el camino son muy diversas: nos abrirá horizontes; nos orientará a la hora de formarnos un criterio cristiano recto que se manifieste en el trabajo, en el ambiente familiar, en las dificultades ordinarias... para que nuestras vidas reflejen las maravillas del Señor; nos animará en momentos de desaliento o de dificultades...; tendrá palabras de ánimo y consejos que nos proporcionen firmeza.
– También, con su experiencia, nos puede señalar los obstáculos que encontremos en la vida interior y nos ayudará a superarlos, de modo que la gracia de Dios pueda actuar a fondo en nuestros corazones; nos indicará los medios más adecuados para crecer en el amor a Dios; corregirá con prudencia las posibles desviaciones que se puedan presentar en nuestro camino; nos acompañará en los momentos de desconcierto o de especial dificultad; nos ayudará y animará siempre en la lucha interior; nos alentará a ser fermento en medio del mundo, allí donde las ha situado el Señor…
– ¿Cómo podemos aprovechar bien este medio de formación cristiana? Primero concretando, si es posible, un día y una hora fija cada semana, por ejemplo, para tener esta conversación con el sacerdote… y poniendo los medios para que efectivamente nos veamos con regularidad, superando los eventuales imprevistos o cambios de planes. Con el WhastsApp es muy fácil modificar un poco si hace falta la cita, para no perder ninguna conversación.
– También nos ayudará prepararla bien, dándonos a conocer para que nos puedan ayudar mejor. Yo soy el buen pastor, conozco mis ovejas –dice Jesús–. El pastor necesita conocer la situación real, tal y como es, con sus virtudes y defectos, para darnos la receta más adecuada.
– E ir con ganas de escuchar y de aprender, para conocer mejor a Jesús: y mis ovejas me conocen.
– Además, quien es buena «oveja» está comenzando a ser «buen pastor» que colabora con Jesús en su tarea: Tengo otras ovejas que no son de este redil, a ésas también es necesario que las traiga, y oirán mi voz y formarán un solo rebaño, con un solo pastor (Jn 10,16). Hay muchos que están lejos de Dios, un poco o un mucho abandonados en su vida cristiana, y también a ellos quiere llegar Jesús y cuenta con la colaboración de los cristianos, de cada uno de nosotros, para que también ellos encuentren el camino de la felicidad.
– En esas conversaciones personales, también nos ayudarán a compartir estos sentimientos de Cristo por ayudar a todos, a ser hombres como los Apóstoles, que llevan la buena noticia del Evangelio por toda la tierra.
– Concretemos propósitos: ¿Hablo cada semana, tranquilamente, con algún sacerdote? Si no es así, ¿con quién y cuándo podría quedar para comenzar ya? ¿Soy totalmente sincero para que me conozcan bien y me ayuden? ¿Voy poniendo empeño cada día en llevar a la práctica los consejos que recibo?
– Notaremos de cerca la paternidad de Dios. También el cuidado maternal de nuestra madre la Virgen, que no dudará en conseguir la gracia de Dios que necesitemos, cuando vea que ponemos los medios oportunos por nuestra parte. A ella le pedimos que nos ayude a poner por obra los buenos deseos que el Señor ha puesto hoy en nuestro corazón.

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